Tiempo

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Hoy mi abuela habría cumplido 92 años.

Ella tenía cierta fijación por mantener su reloj de pared en funcionamiento. Cada vez que veía el péndulo detenido se apresuraba a subirse en la banqueta para darle cuerda y reanudarle la marcha. Yo llegué a la conclusión de que para ella aquello era tan importante porque veía el reloj como un símbolo de sí misma, de su propia vida.

Porque, en definitiva, el tic tac no deja de ser un latido, la maquinaria, un corazón. Y las campanadas un recordatorio de que el tiempo corre implacable. Por eso, cuando lo veía marcando una hora ya del pasado, con el péndulo inmóvil, era como el aviso de que algún día sería ella ese reloj parado. De ahí su urgencia por volverlo a activar.

Durante algún tiempo yo tuve un reloj de pared parado. Tenía más de cien años. Había sido de mi bisabuela (la madre de mi abuela). Y durante mucho tiempo, en su casa, no dejaron de sonar sus campanadas ni el péndulo de latón con forma de lira detuvo su tic tac. Después, permaneció parado y guardado un montón de años más.

En algún momento llegó aquí, pero no fui capaz de ponerlo en marcha. Era como si se sintiera cansado de tanto trajín. Porque, aunque pareció por un momento que quiso, no pudo andar. Solo dos momentos al día tenía sentido su existencia.

Un día decidí buscar el modo de devolverle el movimiento. Y apareció mi amigo Pepe Guerrero, que, además de saber de pájaros, piedras, árboles, música y estrellas, haber sido el hijo observador de un relojero le había permitido también conocer los misterios de las maquinarias de los relojes.

Y él, con infinita paciencia y pasión, realizó el prodigio de resucitarlo.

Ahora yo tengo los dos relojes en casa, el de la abuela y el de la bisabuela, y también experimento esa premura por reactivarlos cuando están parados (que, además, ocurre en ambos casos a mismo tiempo). Siento como si cada minuto que ellos no viven, sea un minuto que no viviré yo. Uno me recuerda memento mori, el otro, tempus fugit. Aunque supongo que el mensaje de ambos en el fondo es carpe diem.

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