¿Vale la pena leer La carne?
Respuesta corta: SÍ.
¿Y de qué va?
Nuestra protagonista es una mujer culta, exitosa y económicamente independiente, pero se enfrenta al vértigo del envejecimiento, la pérdida del atractivo físico y la invisibilidad social. Movida por el despecho hacia su ex-amante, recurre a los servicios de un gigoló, Adam, para exhibirse con él en la ópera y despertar celos.

«Claro que Soledad siempre había sido difícil de contentar: su deseo era exigente, tiquismiquis y tiránico. En cualquier caso, ahora ni siquiera tenía que desear al gigoló. Solo estaba buscando a alguien con un aspecto arrebatador. Un acompañante espectacular que le hiciera sentir celos a Mario. O por lo menos, si no celos, que viera que ella se las arreglaba muy bien sin él. Imaginó por un instante la escena en la ópera. Por ejemplo: ella entrando en el Teatro Real acompañada por el bombón y coincidiendo con Mario y su mujer en el vestíbulo; y ella serena, liviana, impertérrita, dejando caer sobre su antiguo amante una ojeada helada y altiva; desde luego le iba a ser difícil mirar desde arriba a alguien que medía diez centímetros más que ella, pero, en su imaginación, Soledad conseguía cuadrar a la perfección esa geometría del desprecio».
El caso es que, de la forma más inocente, la cosa se le va de las manos y no le queda más remedio que ponerse ante sus propias carencias emocionales. Porque Soledad quiere amar, ser amada y deseada, pero también es frágil, tiene miedo e inseguridades. Y, si bien al cuerpo, la carne, los considera, como decía antes, territorio de placer; inevitablemente y en este momento de la vida de Soledad parece más evidente que nunca, es también materia que envejece, nos condena, nos aprisiona.
Lo mejor
Soledad, ya lo hemos comentado, está preparando una exposición sobre escritores malditos, con lo que tendremos ocasión de conocer también las rarezas y singularidades de autores y autoras como Maupassant, María Lejárraga, Philip K. Dick o María Carolina Geel.
«Peor fue el caso de María Carolina Geel, nacida en 1913 y autora de novelas eróticas. En abril de 1955 estaba tomando el té en el Hotel Crillón con su amante, Roberto Pumarino, un administrativo socialista que había enviudado hacía dos meses. Él tenía veintiséis años; Geel, cuarenta y uno. Días antes, él le había propuesto que se casaran; ella le había rechazado por miedo a que se estropeara su relación y quizá también porque el demonio de los celos la estaba devorando. Creía que Roberto la engañaba y compró una Baby Browning de 6,35 mm, un calibre diminuto y un dulce nombre que no auguraban ser demasiado letales. Esa tarde de abril, Geel alzó el arma por encima de las tazas de té y le pegó cinco tiros a su amante.»
Ocurre con esta novela de Montero algo muy parecido a lo que vemos en La ridícula idea de no volver a verte, en la que enlaza su propio duelo de la muerte por su esposo con el duelo de Marie Curie por la muerte de Pierre.
Este libro es para ti si…
- Te interesan las novelas que reflexionan sobre el paso del tiempo
- Te atraen los personajes complejos y contradictorios
- Te gustan las historias que mezclan ficción con referencias reales
En definitiva…
Rosa Montero es una auténtica maestra entrelazando tramas: la del personaje de la novela, que puede ser incluso ella misma, y la de personajes históricos, consiguiendo con ello multiplicar el atractivo de la historia que estamos leyendo.
Recuerda que puedes descubrir más en formato podcast en la sección «Pescando historias»
