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Gracias por aparecer por mi rincón literario.

En él podrás encontrar literatura infantil y también para gente más grande.

Ojalá descubras historias en las que reconocerte y con las que sentirte en compañía.

A veces buscamos un cuento y encontramos un espejo.

Y ya que has llegado hasta aquí, te quiero contar una historia. Es la historia de un cuento. Porque hay cuentos que son realmente muy bonitos, pero el origen de esos cuentos puede ser incluso mejor.

Mi amigo Pepe empezó siendo primero un compañero en el instituto donde trabajábamos. Lo fue durante poco tiempo porque se jubiló a los pocos años de llegar yo. En realidad en aquella época no hablábamos mucho. Fue después cuando nos hicimos amigos.

Pepe hacía reflexiones que a mí me dejaban impactada. Reflexiones como que quizá la evolución del hombre se había producido para que este pudiera mirar al universo y tratar de entenderlo. Se preguntaba si nos hacía más humanos la risa o la música.

Cosas así, para pensar un rato.

Es un ser humano fundamentalmente generoso: arregló el reloj centenario de mi bisabuela, me regaló un cascanueces de madera hecho por él mismo. Y cada vez que voy de visita a su casa me obsequia con una piedra. Pero no una piedra cualquiera, llamarlo piedra es rebajar su categoría. Lo que Pepe me regala es «un ejemplar seleccionado entre cientos de fragmentos» cuando ha hecho alguna ruta «de especial interés geológico».

También me habla de pájaros, de árboles, de flores…

Pero el regalo más entrañable que me hizo y que guardo en mi corazón con mucho cariño fue una historia de su infancia. Cuando me fui de su casa aquella tarde pensé que aquella anécdota merecía un cuento. Y escribí El mirlo.

Después, alguien más pensó que aquel cuento merecía un premio.

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Y te regalo mi relato «El mirlo»

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