LO QUE DIBUJO

De niña, en el colegio, además de leer y escribir cuentos, también me gustaba ilustrarlos. En algún momento sentí que mis dibujos no eran lo bastante buenos, que se me daba mejor escribir que dibujar. Y, desde entonces, cada vez que he cogido un lápiz para garabatear algo, decía (y me decía) «yo dibujo muy mal».

Pero hace poco decidí darme una oportunidad (dársela a la Olvi de ocho años que fui y que soy) y me puse en manos de una maestra que sacó de mí historietas y personajes extraordinarios. Y ahora pienso de mi faceta de dibujadora lo mismo que de mi faceta de escritora, de profe, de bibliotecaria, de humana: que estoy aprendiendo. Todo el tiempo.

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