Esa de la foto se llama Olvido y soy yo. Que no te engañe mi aspecto. He cumplido cincuenta años, pero en realidad tengo ocho.
Soy escritora, lectora, profesora y bibliotecaria (no todos los días por ese orden). En todo este tiempo que llevo aquí no he podido vivir sin literatura. Es lo que me ha mantenido cuerda (o loca).

Te contaré algo sobre mí
No puedo decir que no me acuerde de cuándo me empezó a atraer la literatura. Sí me acuerdo. Concretamente tengo dos recuerdos muy nítidos: uno de 5º, en la clase de «Lenguaje» (que era la asignatura de Lengua que cursamos los de EGB), con una maestra que era de Soria y se emocionó leyéndonos el poema de Machado «A orillas del Duero». Luego nos pidió que escribiéramos nosotros un poema dedicado a un árbol. Yo se lo dediqué a los chopos que había en mi barrio, pero me gustó mucho más el que una compañera les dedicó a los cipreses de los cementerios.
Mi segundo recuerdo es de la clase del maestro Jesús Ángel, que era un flipado que impartía la materia sólo a través de la lectura de libros. No teníamos libro de texto, únicamente libros de lectura. Leíamos y escribíamos. Eso era «Lenguaje». Y era el lugar donde yo quería siempre estar.
Después he tenido suerte: conseguí estudiar y trabajar rodeada de literatura.
Y hoy creo que, cuando escribo, lo que quiero es volver a aquel lugar. A aquel momento en el que aún no era consciente de que había descubierto que las palabras podían cambiarlo todo.
