El Quijote, el mejor libro del mundo

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No quiero entrar a hacer ningún tipo de análisis literario, ni sobre su inmensa trascendencia y el incalculable influjo que ha tenido sobre otros artistas a lo largo de los siglos posteriores a su publicación. Resumiré mi recomendación en tres de las virtudes que yo más valoro de esta obra:

  • Su capacidad para hacer reír en los numerosos episodios donde caballero y escudero salen escalabrados.
  • Su capacidad para hacer reflexionar sobre el amor, la justicia, el ser buena gente, la integridad y la amistad.
  • Y su capacidad para emocionar, emocionar hasta las lágrimas, como ocurre cuando, tras haber acompañado a los personajes a lo largo de los 126 capítulos, asistimos a su despedida, en el lecho de muerte de nuestro don Quijote.
Obra del dibujante Arthur Boyd Houghton

«Y, volviéndose a Sancho, le dijo:

—Perdóname, amigo, de la ocasión que te he dado de parecer loco como yo, haciéndote caer en el error en que yo he caído de que hubo y hay caballeros andantes en el mundo.

—¡Ay! —respondió Sancho llorando—. No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire no sea perezoso, sino levántese desa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos concertado: quizá tras de alguna mata hallaremos a la señora doña Dulcinea desencantada, que no haya más que ver.

Si es que se muere de pesar de verse vencido, écheme a mí la culpa, diciendo que por haber yo cinchado mal a Rocinante le derribaron; cuanto más que vuestra merced habrá visto en sus libros de caballerías ser cosa ordinaria derribarse unos caballeros a otros y el que es vencido hoy ser vencedor mañana.

—Así es —dijo Sansón—, y el buen Sancho Panza está muy en la verdad destos casos.

—Señores —dijo don Quijote—, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño. Yo fui loco y ya soy cuerdo; fui don Quijote de la Mancha y soy ahora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno. Pueda con vuestras mercedes mi arrepentimiento y mi verdad volverme a la estimación que de mí se tenía, y prosiga adelante el señor escribano».

En el Quijote vemos reflejada la naturaleza humana encarnada en los dos personajes más extraordinarios de la literatura.

Porque sí, hay personas que son puramente Sanchos, incapaces de experimentar el mundo de la ilusión y de la fantasía. Incapaces de experimentar en sus carnes humanas su naturaleza espiritual. Y las hay que son puros Quijotes y no ven más allá de su quimera y su fantasía.

Unas y otras no ven que, solo cuando han convivido y compartido andanzas y malandanzas, son seres completos: cuerpos con alma. O, mejor dicho, almas con cuerpo. Espíritu con masa. Esencia con materia. Quijotes con Sanchos.

Confirmado: El Quijote, el mejor libro del mundo


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