Algo más que una novela juvenil
Parece una novela juvenil. Y sí, los personajes son adolescentes y hacen cosas de adolescentes. Pero en esta historia conocemos dos adolescencias muy diferentes. La adolescencia de un grupo de chavales de 4º de ESO de 2024 y la que vivió el narrador, el profesor de Lengua y Literatura de estos chicos. Un escritor frustrado por la poca o nula trascendencia que tuvo la publicación de su primera novela gráfica y por lo que tuvo que volver a las clases tras una excedencia de tres años para dedicarse a la creación.
Se trata de la novela Teníamos 15 años, del prolífico autor Nando López.
Nuestro narrador, Manu, revive sus años de juventud porque da clase en el instituto en el que estudió y algunos de sus alumnos son hijos de algunos de sus antiguos compañeros de clase.
La historia todo el tiempo tiene como referente esa novela gráfica que fue un fracaso editorial y en la que plasmó el año más importante que vivió con sus amigos Vero y Rubén. Quienes tuvimos una adolescencia sin móviles, sin Internet, a quienes nos gustó la literatura y el teatro. Quienes, allá por principios de los 90, vimos con quince años por primera vez El club de los poetas muertos o leíamos la revista Super Pop, nos vemos reflejados en esos recuerdos de Manu y en sus experiencias en el instituto.
Recuerdos en viñetas y heridas abiertas
La novela combina algunos pasajes, que corresponden con esos recuerdos y que parecen sacados de la novela gráfica, que están narrados, precisamente a través de viñetas. Sabemos que Manu es gay, que sufrió bullying por parte de los padres de algunos de sus alumnos, con los que tiene que hablar, haciendo de tripas corazón, en calidad de tutor del curso. Sabemos también que se enamoró de su amigo Rubén… Y alguna cosa más que me guardaré por aquello de no hacer spoiler, pero que durante toda la historia está presente y resultó un acontecimiento crucial en sus vidas.
A Manu se le ocurre la brillante idea de, aparte de las clases de Lengua, crear un taller literario más allá del horario escolar. Pero, más que por un interés por la creación poética, los que se apuntan lo hacen porque esos textos pueden servirles para expresar sus ideas y, sobre todo, protestar ante el inminente derribo de un local donde podrían tener un espacio para ellos, porque van a construir un centro comercial. Obviamente, Manu se encuentra de frente con detractores que le invitan a que desista de darle demasiadas alas a los chavales.
Acerca del argumento no quisiera contar mucho más.
El libro como objeto
Voy a ir al libro como objeto. Tiene algo más de 170 páginas. Y se leen en tres ratitos. En la portada predomina el color azul y aparecen los tres protagonistas (los de los años 90) en la puerta de un vídeoclub. Las páginas son de color blanco y tienen un olor muy penetrante: a tinta, a papel… tan penetrante que llega sin necesidad de meter la cara en el libro, pero que, a la vez, invita a eso, a olerlo intensamente.
La novela está salpicada, como les digo, de algunos fragmentos narrados a través de viñetas, concretamente al inicio de cada capítulo, eso hace que la historia avance más rápido y conozcamos mejor a los personajes, que los conozcamos desde otro punto de vista, desde otra mirada.
“Al fondo, la mirada de Vero me calma.
Igual que conocerla a ella y a Rubén me salvó entonces.
–Lo siento mucho. Ahora que mi hijo, bueno, mi hije es… En fin, ahora entiendo que… Da igual, pero tenía que decírtelo.
No sé qué respuesta espera Óscar.
Yo no puedo darle ninguna.
No le voy a decir que no importa.
Ni que está superado.
Ni que ya pasó.
No le voy a decir nada porque no es justo que obligue al Manu de los quince a enfrentarse a todo lo que sufrió en este instante en que Óscar ha considerado que le viene bien disculparse.
¿Y si ese Manu tiene derecho a no perdonarlo?
¿Y si a ese Manu le parece que su razonamiento de “ahora te entiendo porque tengo un hije LGTBIQ+” es tan patético como el de “no soy homófobo porque tengo un amigo gay”?

En fin, ya ves. Es una novela, como te digo, juvenil, pero puede gustar a cualquiera que tenga el más mínimo interés en lo que pasa en los institutos, en los pueblos, en las ciudades… Porque aborda temas y conflictos que ya se existían hace 30 años, y que hoy se toman más en serio; aunque también se enfrentan muchas veces a las mismas dificultades encarnadas en el mismo tipo de personas que parecen tardar un poquito más en evolucionar.
Recuerda que puedes descubrir más en formato podcast en la sección «Pescando historias»
