Piel de cordero

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Piel de cordero presenta dos historias que aparentemente parecen desvinculadas pero que tienen una poderosa conexión.

Cada historia la protagoniza una mujer. La primera parte gira en torno a Catalina, una joven perteneciente a un linaje ancestral de brujas en la etapa final de la Inquisición. Su infancia transcurre en Merlo y su abuela Elvira le transmite el arte de sanar y los secretos sobre el uso de plantas curativas. Se verá arrastrada a abandonar su pueblo y cumplir la misión de salvar a un niño.

Esta parte está escrita en 3ª persona y está dividida en diferentes capítulos. Desfilan maleficios, recetas curanderas. Nos muestra un mundo primitivo, de brujas y persecuciones. Empieza con el nacimiento de Catalina, tras el que muere Marina, su madre, y empieza su apasionante historia:

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«El hombre, con los colores de un carnicero impresos en la ropa, se echó a llorar. Acababa de traer al mundo a su nieta. Su nombre es Catalina, murmuró con la voz quebrada y el rostro blanco como un sudario. Una de las mujeres la envolvió en una piel de cordero y salió de la casa con ella en brazos sin dejar de rezar: (…).

Nadie necesitó preguntar nada, porque en aquel cuarto todo el mundo conocía el procedimiento. La mujer corría hacia la iglesia para que le cura bautizara a la niña. Si se moría sin el bautismo no podría ser enterrada en lugar santo, y ya era bastante estigma que la abuela de aquella niña estuviese siendo torturada por la Santa Inquisición. Que Dios te proteja, Catalina, susurró el barbero, observando a través de la ventana a la mujer alejándose con el bebé en brazos. Luego besó la frente de su hija Marina y cerró el maletín, porque la vida era así de retorcida y había que continuar. Siempre adelante de manera inexorable, aunque a veces la desgracia sea tan insoportable que parezca que el mundo entero merece reventar».

La segunda parte la protagoniza Lola, una chica del s. XXI. Está en medio de una crisis existencial y, a pesar de su escepticismo, se ve inmersa en un mundo de adivinas y tarotistas. Lo sobrenatural se mete en su vida aunque ella se resista. 

La voz narrativa cambia en esta parte. Es ella misma, Lola, la que en 1ª persona nos cuenta lo que vive, en presente además, y en pequeños episodios de muy pocas páginas.

El tono es muy diferente a la primera parte, no solo porque la historia es muy diferente por la protagonista y la ambientación, sino porque resulta muy fresco y dinámico. Salvo por algunos pasajes, de verdad angustiosos y abrumadores, pues Lola nos muestra cómo puede ser de terrible una visita al hospital, y no solo porque los que nos lleve sea una dolencia. 

Al principio de esta segunda parte, Sole, la hermana de Lola, le propone hacer una visita un tanto particular:

«– Sole, por favor, tienes una carrera, has aprobado unas opos, eres una tía que lee…

– ¿Y qué tiene que ver todo eso con lo que te estoy contando? No puedes ir a ver a Serafín con esa actitud.

Otra vez mi actitud. Primero con Fina, ahora con un santero, mañana será Hugo y siempre yo, aunque estemos hablando de patrañas paranormales.

– Abre la mente. ¿Tú no te acuerdas de todas aquellas mujeres que iban a ver a la bruja que tenía consulta en el barrio cuando éramos niñas? Pasaban por el camino de delante de nuestra casa gritando como si estuvieran poseídas. Y cuando regresaban de vuelta iban como malvas.»

El final de la historia es impactante y liberador a partes iguales. Y también, por qué no decirlo, invita a abrir nuestra mente y considerar que igual, quizá, estemos conectados, conectadas, de un modo que no nos atreveríamos ni a imaginar, con fuerzas de la naturaleza y de nuestro pasado que nos están echando una mano sin que lo sospechemos.


Recuerda que puedes descubrir más en formato podcast en la sección «Pescando historias»

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