Una vida de novela

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En el último post hablaba de por qué leer. Eso fue lo primero que me planteé cuando me propusieron colaborar con una sección de literatura en la Radio de Casares. Y en el primer encuentro, aparte de esa cuestión, recomendé a uno de los autores que más me han influido y a uno de los que me gustaría parecerme como escritora: Stefan Zweig. Y, como su vida fue de novela, comenzaremos por conocerle a él y su trayectoria vital.

Zweig no es un autor actual, es un escritor austriaco de hace cien años. Si ves una foto de él te echa para atrás el bigotito que tiene, que le da una pinta un poco sospechosa…

Pero nada de eso. Todo lo contrario.

Nació en una familia judía acomodada y desde muy joven tuvo inquietudes intelectuales. Estudió Filosofía y en su época universitaria ya empezó a demostrar su talento: publicó su primer libro de poemas con 20 años. Más tarde empezó a codearse con autores como Rilke, Yeats o Pirandello.

Tras ser testigo de los horrores de la I Guerra Mundial, adoptó una postura pacifista.

Escribe obras breves, pero cargadas de tensión psicológica y emocional. También destaca por sus biografías.

Cuando Hitler llega al poder, su obra es prohibida y él perseguido. Encarna justo lo que más odia el nazismo: es un intelectual, pacifista y judío. Se va a Londres con su segunda mujer. Allí mantiene, digamos, una postura prudente: no se pronuncia abiertamente en contra de los nazis ni defiende a los judíos perseguidos. Por eso fue criticado por otras figuras intelectuales. 

Pero Zweig está atormentado y sus personajes de aquella época también. En el 40 se mudan a Nueva York, donde tampoco encuentra la tranquilidad. Todo le recuerda los horrores que ha dejado atrás.

Se dan una nueva oportunidad en Brasil un año más tarde. Pero no lo puede soportar, vive angustiado y con auténtico terror a que el Tercer Reich domine el mundo y Europa se destruya definitivamente. 

Escribe una nota de despedida y, junto con su mujer, se suicida. Un suicido, por otro lado, también criticado por algunos que vieron en él un cobarde que dio la espalda a los miles de judíos víctimas del nazismo. También se le cuestionó que consintiera que su mujer, de tan solo 34 años, se suicidara con él.

En fin, yo no sé si calificarlo de cobarde. Zweig se convirtió en un apátrida huyendo de la guerra y el fascismo, que, pocos meses más tarde de su muerte, alcanzó con sus garras las costas de Brasil. Yo, desde luego, puedo llegar a imaginar y comprender el pánico que debió de sentir.

En su nota de despedida explica sus razones y dice lo siguiente:

Mando saludos a todos mis amigos. Ojalá vivan para ver el amanecer tras esta larga noche. Yo, que soy muy impaciente, me voy antes que ellos.

Era impaciente y tenía mucho miedo.

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