Traigo un libro cortito, unas 85 páginas. La portada es muy sencilla, porque lo único que tiene es, en letras blancas, el nombre de la autora, Carmen Sánchez Melgar, y debajo de este, el título, Las voces flotantes. Y destaca su color verde.
Carmen no solo es una prolífica autora, también lleva desde 2015 formando parte de Radio Casares, primero con su programa Cultura Sutura, al que le tengo un gran cariño porque en ese programa me entrevistó ella en 2018 a propósito de un premio literario que me dieron por «El mirlo» (cuento que te regalo cuando te suscribes a mi newsangler). Después de la pandemia, Carmen estuvo ausente de las ondas y en 2023 regresó con el programa también cultural, La Pausa necesaria.
Lo primero que nos encontramos, antes incluso que las dedicatorias, es una especie de presentación del poemario.
«Las letras se arremolinan en el folio y van formando un paisaje. No dicen absolutamente nada cuando están solas, pero a medida que encajan en su sitio forman palabras y las palabras se convierten en frases y las frases cuentan historias: las historias de las voces flotantes»

Después, ya sí las dedicatorias y luego un índice con las distintas partes de esta obra, cada una dedicada a un aspecto que la autora ha querido explorar y sobre el que ha reflexionado.
En la primera parte habla de las «voces». Cada poema contiene la palabra «voz» y con cada uno de ellos resuenan en nuestra memoria el sonido de las voces que recordamos o incluso imaginamos, porque es a lo que invitan estos versos, a que el lector indague también en su propio concepto de voz, en un sentido literal o simbólico:
«Hay que alzar la voz
para que no caiga en un caótico barranco
y termine sepultada por un barro mentiroso».
Más adelante, nuestra autora se adentra en conceptos como el silencio, el ruido y las lágrimas, y lo expresa con una especie de aforismos líricos que podemos tomar como auténtica filosofía. Les leo otra vez:
«El silencio es el arma perfecta para combatir
las palabras agrias
que contagian con su perverso eco».
No me digas que no es más sabio callar ante la insolencia del otro antes que responder y entrar al trapo. Más sabio, sí, pero ya sé, no más fácil. Y mira qué maravilla sobre las lágrimas:
«Hay lágrimas de mármol, pesadas y frías que se niegan a salir
de los ojos convertidos en piedras».
«Hay lágrimas agrias y negras como la pena
que se quedan dentro del alma de quien no ha llorado
ni de alegría ni de tristeza»
La autora nos habla también de las «huellas indelebles» que quedaron en ella y que la convierten en lo que hoy es. No podemos más que imaginar a una Carmen jovencita escondida o más bien mostrada en estos versos:
«Quedarse al raso buscando excusas.
El poder de las hormonas abre la besana.
Arriban los suspiros a la boca.
Carne adolescente, ardor primaveral.
No queda más remedio que rendirse
al contacto de los cuerpos»
Mi parte favorita es la que habla de la muerte. Tiene muchas miradas esta parte. Por ejemplo, una muerte que alimenta a la naturaleza. O la muerte que no termina de llevarse a quien se va, porque vive en algún lugar a nuestro alrededor.
«Hay algo indefinible
que flota en el espacio;
tal vez el recuerdo de tu voz,
ahora suena en mis oídos
al ver tu presencia
en los pies de tu biznieta.
La carne de tu carne está en ella»
Y el poema que más me gustó:
«No te atormentes
por la tierra que me cubre;
pues como abrigo la llevo puesta desde entonces.
Mi cuerpo se ha fundido con su barro y
han brotado centenares de raíces.
Los sampedros dan señales de la vida
que le he insuflado con el traje de mi sangre.
Soy libre de la cárcel de la carne
y del cemento que aprisionaría mis huesos.
No me busques debajo de este suelo;
me hallarás flotando en los olivos,
en las flores blancas del almendro,
en el horizonte pintado de rojo
cuando se esconde el sol en el Berrueco».
Por último, Carmen nos habla de sus raíces, nos menciona a María, Samuel, Isaac. Y en el epílogo, que no les voy a desvelar para no hacerles, ya saben, spoiler, nos dice qué ha sido para ella escribir estos versos.
La poesía a veces requiere cierto esfuerzo, lo sé. No estamos acostumbrados a su lenguaje metafórico, a sus imágenes simbólicas, a ciertos ritmos, a la combinación de ciertos sintagmas. Nos obliga a pararnos, releer, avanzar, retroceder. Pero precisamente por eso, igual que ella lo es con nosotros, debemos ser generosos con la poesía, porque puede ser un espejo interesante en el que descubrirnos reflejados y reflejadas.
Recuerda que puedes descubrir más en formato podcast en la sección «Pescando historias»

Me encanta tu forma de presentar los libros, porque invitan a leerlos de inmediato. Mil gracias por tu labor de difusión.
Gracias a ti, Carmen, por esa poesía que nos regalas ♥