Hoy toca hablar de libros infantiles sobre la amistad. Pero, como ocurre muchas veces, la mayoría en realidad, con este tipo de literatura, la infantil, traigo un libro para todas las edades. No solo porque en el interior de un cincuentón o de una abuela habitan los niños que fueron un día y que despiertan gracias a los cuentos; sino también porque hay historias que nos recuerdan cosas que se nos han olvidado o a las que no queremos darle importancia. Y está bien pararnos a observarlas y reconocerlas.
Los libros pueden cambiar la visión que tenemos del mundo y de nosotros mismos. Pueden cambiar vidas. También los libros infantiles, por supuesto.
Hay historias —infantiles o no— de amistad preciosas: entre gente mayor, entre niños, entre humanos y animales. La amistad es un temazo en la literatura, porque es un temazo en la vida y porque hay tantas ideas de amistad como amistades.
Este libro tiene en su portada la ilustración de una niña con un rastrillo de jardín en su mano que observa desde fuera de una casa por la ventana a un señor mayor en el interior. Una abeja, a la que el señor, a su vez, mira, revolotea. El título aparece en letras mayúsculas y destacadas: Son cosas que pocas veces ocurren. Y el nombre de su autor: Daniel Nesquens. Sus páginas son de color crema y en el interior también hay algunas ilustraciones en blanco y negro.
La historia del señor F. G. H. y la abeja
Estos son los tres personajes de esta historia. Sí, también la abeja. El señor F. G. H. lleva meses sin salir de casa, se siente viejo y cansado. Sus hijas lo visitan poco y echa de menos a su mujer. Un día se cuela una abeja en su casa y el anciano la convierte en una especie de confidente a quien contarle su vida y sus recuerdos.
—¡Ejem! Disculpa, abeja solitaria, no me he presentado. Soy el viejo Finn. Todos me conocen por mis iniciales: F.G.H. Igual tú podrías decirme cuándo voy a dejar este mundo.
La abeja permaneció en silencio e inclinó la cabeza.
—No te molestes. No tengo prisa. Me duele todo, pero estoy bien. Aquí me tienes. He vivido más momentos buenos que malos, estoy seguro.
Paralelamente, Anabell, la nieta de su mejor amigo, fallecido años atrás, se encarga de arreglarle el jardín. Le lleva la compra y le escribe cartas ofreciéndole su ayuda y hablándole de las cosas que más le interesan.
La importancia de las abejas en nuestro ecosistema
Es ella la que descubre la colmena salvaje que ha aparecido en una rama del manzano del jardín y, como le encantan las abejas y sabe mucho sobre ellas, se lo cuenta, siempre por carta, al señor F. G. H.
Las abejas polinizan más de 170000 especies diferentes de plantas. O sea, una barbaridad. Las abejas polinizan un tercio de lo que comemos: manzanas, ciruelas, kiwis, papayas, sandías, fresas, la flor del cacao, pepinos, calabazas (¡qué asco!)… Y por si eso fuese poco, le dejo otro dato: para obtener un kilo de miel, una abeja debe visitar más de cuatro millones de flores. ¿Qué le parece? Eso le supone recorrer una distancia que equivaldría a dar la vuelta al mundo cuatro veces.

Es una historia entrañable. Dos personajes aparentemente desconectados, de dos generaciones tan diferentes y con experiencias vitales tan alejadas, muestran que la amistad puede tener formas y manifestaciones de lo más insospechadas. De alguna forma nos revelan que las relaciones humanas pueden ser cualquier cosa menos convencionales.
Desde luego ellos no son personajes convencionales. La aparición de un anciano en un cuento infantil, si no es para ser un abuelo o abuela cariñosos o una malvada bruja, es inusual. Sobre todo si lo que ese anciano hace es vivir solo, aislado y hasta descuidado, y conversar con una abeja. Por otro lado, una niña que asegura preferir la soledad, que le escribe cartas a ese anciano y que de mayor quiere ser entomóloga, en fin, tampoco es muy corriente.
En el fondo, como digo, hay relaciones humanas poco convencionales. Porque el ser humano, por mucha homogeneidad que veamos a nuestro alrededor, es, en general, asombroso y singular.
Y está bien que los cuentos infantiles muestren personajes así: excéntricos, excepcionales. Porque también hay niños así. Y ya hemos hablado de la importancia de toparnos con un libro que nos sirva de espejo en el que vernos reflejados; o que nos inspire para manifestar una faceta nuestra que ocultamos por miedo a parecer raros.
Si te gustan los libros infantiles sobre la amistad, esta historia será una pequeña joya en tu estantería, ideal para compartir y reflexionar.
