¿Vale la pena leer a Michael Ende?
Respuesta corta: SÍ.
¿Cómo son sus historias?
Michael Ende rechazaba la idea de que sus libros fueran solo «para niños». Consideraba que la distinción entre literatura infantil y adulta era artificial, porque una historia buena debía hablar a todas las edades. Bueno, en eso estamos muy de acuerdo. Además, defendía que la literatura debía invitar a la reflexión y al autoconocimiento, no solo al entretenimiento. Sí, también estamos de acuerdo en eso.
Esa teoría la manifiestan las novelas seguramente más conocidas de Ende, La historia interminable y Momo. Ambas abordan temas profundos, casi filosóficos. Invitan a recuperar lo humano, a vivir el tiempo de un modo consciente, y a considerar la imaginación como fuerza vital.
La historia interminable
La historia interminable se publicó en 1979 y se ha terminado convirtiendo en un clásico de la literatura juvenil y fantástica del siglo XX.
Cuenta la historia de Bastián, un niño solitario, inseguro y apasionado por los libros. Un día, roba un misterioso volumen titulado La historia interminable de una librería y se esconde en el desván de su escuela para leerlo.
El libro narra las aventuras de Atreyu, un joven guerrero del reino de Fantasía, que emprende una misión para salvar a la Emperatriz Infantil, enferma de una extraña dolencia que refleja la destrucción de su mundo por una fuerza llamada La Nada.

Mientras Bastián lee, descubre que él mismo forma parte de la historia: el libro lo “llama” para que entre en Fantasía y le dé un nuevo nombre a la Emperatriz Infantil. Bastián es el protagonista de la novela que nosotros leemos, pero se convierte en protagonista de la novela que él lee.
Este retorcimiento argumental asombró a los niños de los años 80 que leímos esta historia. Tiene, precisamente por esto, una estructura dual, por un lado la historia de Atreyu, y por otro la de Bastian. En las ediciones originales, los textos estaban impresos en dos colores: rojo para los sucesos en el mundo real y verde para los de Fantasía.
Momo
En Momo, de 1973, la protagonista es una niña huérfana y pobre que vive sola en las ruinas de un anfiteatro en las afueras de una ciudad sin nombre. No tiene posesiones materiales, pero una cualidad extraordinaria: sabe escuchar. Por eso, la gente se siente comprendida por ella y quieren tenerla cerca. Pero llegan unos tipos, los denominados Hombres Grises, que convencen a la gente de que deben «ahorrar tiempo» para ser más productivas. Y consiguen que la gente viva con prisa, sin alegría y en constante agobio. Vaya, Michael Ende era un visionario. O, allá por los años 70, ya lo veía venir.

El libro de los monicacos
Una de las obras más divertidas que he leído de Michael Ende no es una novela, sino un libro de poemas. El libro de los monicacos. Y ¿qué es un monicaco? dirán.
Del monicaco hay mil estilos,
y el monicaco es siempre impar,
pero, flaco o con muchos kilos,
le entusiasma jugar.
Tiene, las mueve con exceso,
piernas, manitas, cara;
lo que es capaz de hacer con eso,
nadie lo imaginara.
Hay monicacos chicos, altos,
los hay buenazos, los hay pillos.
Son maestros en pegar saltos
y en comer bocadillos.
En aprender son muy precoces
las más difíciles piruetas,
suelen cantar, ¡menudas voces!,
y leer historietas.
También la grey monicaquil
gusta de chanzas y de bromas.
Serás cerril, y un tanto vil,
si es que a mal se lo tomas.
Un monicaco no es cualquiera,
porque eso, al fin, cualquiera lo es,
es él por dentro, y él por fuera:
ahí está su interés.
Un monicaco, no haya duda,
es alguien, mi querido amigo;
merece amor, respeto, ayuda:
como ocurre contigo.
Se trata de una colección de poemas y textos rimados compuesto por pequeñas piezas poéticas llenas de humor, absurdo, ingenio y juegos con el lenguaje y donde aparecen criaturas fantásticas y situaciones disparatadas.
Pero también, con texto llenos de ternura, como esta especie de oración que nos regala para recitarla antes de ir a dormir.

Para susurrar mientras concilias el sueño:
pausado, quedo murmullo.
En el cercano aposento
suena el viejo reloj lento.
Blanda, suave, leve almohada,
fiel quietud, mano posada.
Padre, madre: cercanía;
cerca están: confía, fía.
Confía, fía, reposa;
tras la oscura noche hermosa,
se abrirá la luz temprana:
¡qué bello día mañana!
Suave, leve, blando arrullo,
susurro, arrullo, murmullo,
ola lisa, balanceo,
columpio, barco, trineo.
Trineo, columpio, barco,
para mis sueños me embarco.
Michael Ende es para ti si…
- Crees que la literatura no tiene edad
- Buscas historias con profundidad y mensaje
- Disfrutas de la fantasía que hace pensar
Recuerda que puedes descubrir más en formato podcast en la sección «Pescando historias»
