Relatos íntimos y reales
Se leen en 10 minutos. Se quedan contigo toda la vida.
¿Por qué «relites»?
Cuando estaba en 2º de BUP —allá por 1990— tuve una profesora de Literatura que, en lugar de hacernos leer el Cantar de Mio Cid, nos invitaba a leer obras como El perfume, La metamorfosis, El retrato de Dorian Gray o Niebla.
Yo elegí estas novelas —porque también nos daba libertad para poder elegirlas— exclusivamente por el título.
Todas esas novelas que leí con catorce o quince años me impactaron como una bomba en mi mente adolescente. Dejaron algo que me transformó de alguna forma. Y las releí posteriormente y algunas hasta las estudié en profundidad en la carrera.
En el caso de Niebla, ya en la Universidad y con una definitiva pasión por la escritura, además de por la lectura, quise ir más allá.
Hubo un fragmento que con quince años me llamó la atención, pero con veinte me atrapó. Y decidí hacerlo mío.
Uno de los personajes de la novela de Unamuno, Víctor Goti, manifiesta al protagonista, Augusto Pérez, su deseo de escribir una novela:

—¿Y cuál es su argumento, si se puede saber?
Mi novela no tiene argumento, o mejor dicho, será el que vaya saliendo. El argumento se hace él solo. (…) Yo me dejo llevar. (…) Lo que hay es diálogo; sobre todo diálogo. La cosa es que los personajes hablen, que hablen mucho, aunque no digan nada. (…) El caso es que en esa novela pienso meter todo lo que se me ocurra, sea como fuere.
Bueno, a mí esto me pareció una genialidad. Y yo también escribía de aquella forma, sin planificación —«a lo que salga», que diría el propio Unamuno—. Y lo que hacía eran textos breves, relatos.
Así que, en mi afán de homenajear a don Miguel por sus nivolas y a don Manuel por sus sonites, decidí que lo que yo escribía no eran relatos, sino RELITES.
Se leen en diez minutos. Se quedan contigo toda la vida. Relatos íntimos y reales desde un enfoque psicológico y emocional.






