Karl
Karl es un tipo de 40 años algo decepcionado con su vida. Estuvo en un grupo de rock indi en su juventud y ahora pasa los días en su pub. La cosa cambia radicalmente cuando descubre un agujero de gusano en un armario en su habitación: una especie de túnel cósmico que conecta dos lugares o momentos en el universo. O sea, un pasaje con el que viajar en el tiempo.
Karl se lo cuenta a Wayne, un friki de la informática amigo suyo, y deciden que entre los dos que van a montar el negocio de su vida: viajes al pasado para asistir a conciertos de rock.
A ver, no sé tú, pero a mí me parece una pasada de idea. Y yo, desde luego, estaría dispuestísima a probarlo.
Las reglas estaban claras:
«El agujero de gusano sólo se podía utilizar para asistir a conciertos de rock, no se podían traer souvenirs. No hablar con nadie del pasado. no tocar nada. No beber ni drogarse. No hacer fotografías ni grabaciones en audio. No quedarse en el pasado más tiempo del que dure el concierto. No salir del local a dar una vuelta.»
Unas reglas muy duras, sí, yo también lo creo, porque la tentación de hacer fotos, grabar o coger algo puede ser grande. Aunque quizá sería la garantía de que se disfrutaría al 100%.
El caso es que la cosa se lía. Wayne obliga a Karl a que lo mande al 8 de diciembre de 1980 a Central Park, no a un concierto, que aquel día nadie cantó allí. Allí lo que ocurrió fue el asesinato de Lennon, y quería evitarlo. Pero Karl, por error, lo manda al año 980 en lugar de a 1980. Por suerte, pueden seguir comunicándose a través de sms con su teléfono móvil y el pobre Wayne, cuando se entera, pilla un mosqueo gordo. Les leo:

«Oye, capullo, aquí es invierno y no hay ni un edificio. Tengo el escroto congelado y la culpa es tuya. Tienes suerte de que fuera boy scout. Me he construido una cabaña con palos y tierra. Y menos mal que tengo el abrigo. Supongo que simplemente inventaré la electricidad. Está chupado. Ah, espera, que no existe ningún material conductor. ¡Mapache, eso es lo que hay para cenar! Eres demasiado cazurro para solucionar esto tú solo. Busca a un astrofísico».
Lena
Y ahí es donde aparece Lena, una astrofísica que ayudará a Karl a traer de vuelta a Wayne, que, mientras tanto, aprenderá a buscarse la vida.
Lena lo acompañará por el mundo y por el pasado a los mejores conciertos pero también lo pondrá ante la tentación de cambiar su pasado; ante sus errores y su deseos.
Wayne quedará en un segundo plano para que tome el protagonismo la relación entre ellos: sus miedos, sus complejos, sus inseguridades y el desafío que suponen sus propios sentimientos.
En fin, una novela muy dinámica, musical, divertida y con su puntito de dilema que nos puede hacer pensar. Porque, si pudieras viajar al pasado y ver un grupo en directo, ¿cuál escogerías?
Uff, ese sí que es un dilema.
Descubre más en formato podcast en la sección «Pescando historias»
