La soledad de los números primos
Mi siguiente propuesta es La soledad de los números primos, de Paolo Giordano. Él es un joven físico con un expediente académico excelente. La soledad de los números primos, publicada en 2008, es su primera novela y con ella recibe varios reconocimientos. Se vende hasta un millón de ejemplares y es llevada al cine en 2010.
Empecemos por explicar el título, que se nos desvela desde el principio de la novela:
«En una clase de primer curso Mattia había estudiado que entre los números primos hay algunos aún más especiales. Los matemáticos los llaman números primos gemelos: son parejas de números primos que están juntos, o mejor dicho, casi juntos, pues entre ellos media siempre un número par que les impide tocarse de verdad. Números como el 11 y el 13, el 17 y el 19, o el 41 y el 43. Mattia pensaba que Alice y él eran así, dos primos gemelos, solos y perdidos, juntos pero no lo bastante para tocarse de verdad».

Mattia y Alice viven cada uno su propia experiencia traumática en la infancia que marcará su trayectoria vital.
Alice sufre un accidente de esquí que la dejará coja para siempre. Mattia, cansado del aislamiento y la vergüenza que siente en la escuela a causa de su hermana gemela deficiente mental, una tarde la abandona en un banco de un parque y nunca más vuelven a saber de ella.
Estos acontecimientos, con los que arranca la novela y con los que nos presentan a los protagonistas, los convierten en antisociales y unos marginados. Alice tratará de sustituir su vacío vital por medio de la anorexia, como un modo de autodestrucción; Mattia vivirá obsesionado con los números y encontrará alivio en la autolesión. Aun así, para estar tan perturbados emocionalmente, son individuos que parecen haber encontrado cierta estabilidad gracias a sus profesiones.
Para pensar
Se trata de una novela muy psicológica, a veces dura y triste, pues, como nos está anunciando desde el título, sus protagonistas cargan con una profunda soledad.
«Por primera vez sintió la inmensa distancia que los separaba era insignificante. Estaba convencida de que él seguía en el mismo sitio, donde ya le había escrito algunas veces, muchos años antes. Si se hubiera casado, ella lo habría percibido de algún modo. Porque estaban unidos por un hilo invisible, oculto entre mil cosas de poca importancia, que sólo podía existir entre dos personas como ellos: dos soledades que se reconocían».
Podría parecer que esta, junto con mi otra propuesta, son novelas tristes o poco frescas. Pero creo que son una buena elección precisamente porque nos dan la oportunidad de detenernos en historias que invitan a pensar y reflexionar incluso sobre uno mismo.
Más allá de servir de mero entretenimiento y modo de evasión, la literatura debe cumplir ese objetivo: ser acicate para el autoanálisis.
