En el último post te hablaba de Ítaca, el poema por excelencia que recrea el tópico del homo viator, un concepto clave en la literatura y la filosofía del que también me gustaría hablarte. Homo viator, viaje, destino y camino son ideas intrínsecas al ser humano. Homo viator significa, literalmente, «hombre viajero». Por lo visto, Platón ya habla de él y lo hace, además, refiriéndose a Homero y a las enseñanzas de este a sus discípulos.
La idea de que el hombre siempre está recorriendo un camino, físico o simbólico, es muy antigua, pero es que además creo que esa idea es inseparable del mismo concepto de ser humano. Ser humano es estar en un camino, estar haciendo un viaje. Hace siete millones de años, un homínido muy primitivo, el Sahelanthropus Tchadensis se bajó del árbol y se puso sobre sus dos pies; empezó a dar pasos, salió de la selva y se adentró en la sabana (bueno, aunque parezca que eso ocurrió rápido, se tardaron más millones de años). Y no ha dejado de dar pasos y viajar. Ni el mar, ni las grandes cordilleras han sido nunca obstáculos. Ni el espacio.
Este concepto de homo viator, viaje y destino ha sido parte de nuestra evolución.
Homo viator en la literatura
Hay una necesidad innata de movimiento, de avanzar, de recorrer. Y esa idea, esa certeza se terminó convirtiendo, ya desde los clásicos, en algo recurrente, constante, universal. O sea, en un tópico.
Si le echamos un vistazo a la literatura española, podríamos decir que, en el fondo, la mitad de nuestra literatura es «de viajes». Empecemos por el Quijote. ¿Qué es lo primero que nos viene a la cabeza? Don Quijote: caballero andante. Andante, ahí lo tenemos: homo viator. El Lazarillo, el Cid, estos también andan recorriendo caminos. Jorge Manrique reflexiona sobre ello tras la muerte de su padre y nos da una definición y hasta una disección de ese camino:
Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que, cuando morimos,
descansamos.
También, por supuesto, mi querido Antonio Machado y su «Caminante, son tus huellas el camino y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar».
Y, más allá de la literatura española, ya te puedes imaginar. Lo dicho, es un tópico, eso significa que aparece en todas las épocas y en todos los lugares. Es una constante.
Viaje, destino, vida
El caso es que caminar, avanzar, unas veces más acelerado y otras más pausadamente, termina por cansar: cansa la aridez del camino, la ausencia de sombras, la lejanía del destino, la falta o el exceso de compañía, la incomodidad del medio de transporte… Y entramos en una inercia en la que buscamos la máxima comodidad sin comernos demasiado la cabeza ni complicarnos la vida.
Otras veces lo que queremos es llegar cuanto antes y convertimos el recorrido casi en una carrera. Pero, al mismo tiempo, como sabemos que lo importante es el camino, queremos exprimirlo al máximo, disfrutarlo, experimentar, divertirnos. Que todo sea nutritivo y útil, no perder ni un segundo en menudencias insustanciales que nos distraigan de nuestro viaje, que nos distraigan de vivir. Una especie de carpe diem pero rápido.
Y, no sé, ni una cosa ni la otra, ¿no?
La mayoría de las veces yo creo que nos preguntamos qué coño estamos haciendo, adónde vamos y cuál es el sentido de lo que nos sucede.
Y cuando nos ponemos en ese plan, la poesía siempre es un bálsamo. Siempre da alguna respuesta. Me gusta mucho el poema «Palabras para Julia», de José Agustín Goytisolo, que conocí primero a través de la versión musical de Kiko Veneno (aunque no fue el primero que la hizo) y siempre me ha venido a la memoria con la melodía.
En este poema un padre le hace recomendaciones a su hija pequeña acerca de cómo afrontar la tarea de vivir. Y lo más importante, creo yo, que le dice es, casi al final, cuando le confiesa su propia incertidumbre:
Perdóname, no sé decirte
nada más, pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.
En fin, que yo tampoco sé qué decirte. Ni qué decirme, porque sospecho que muchas de las cosas que digo a otro me las digo a mí. Solo me gustaría, cuando llegue el final del camino, que coincidirá con el final de la vida, no tener la sensación de haber estado perdida todo el tiempo. Me gustaría tener la suficiente compasión como para considerar que lo he hecho más o menos bien.
He descubierto que también Rosalía versionó el poema de Goytisolo. Y creo que, como todo lo que versiona esta chica, lo borda:
Si te apetece, lee el poema Ítaca, inspirador y todo un lema de vida.

M’encataaaaaa , el camino de la vida se hace andando si no no es camino.
Somos homo viator.
Olvido me ha gustado mucho, como todo lo que escribes. Además la versión de Rosalía es espectacular.
🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Muchas gracias ♥♥♥
Rosalía es la puta ama ♥