ÍTACA

Itaca
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Largo y lleno de aventuras y experiencias.

Los lestrigones, los cíclopes y el colérico Posidón están ahí. No vamos a tener un camino placentero y libre de obstáculos. Pero debemos mantenerlos a raya, que no entren en nuestro espíritu y tiñan nuestra mirada de pesimismo. 

Obtén lo mejor de lo que te vas encontrando, disfruta y aprende de los que saben. Con Ítaca siempre en la mente, pero sin prisas. Y, lo más importante, no poner altas expectativas en ella, esperando que, al alcanzarla, te llene, pues lo que te ofrece es el camino y eres tú el que debes llenarlo para darle sentido.

Sí, pero cuando uno está pasando una mala época y está mal, en lo último en lo que piensa es en Ítaca y en aprender y disfrutar de ese momento y ese proceso. 

Te contaré algo íntimo. Hace unos años yo daba clase a alumnos de 2º de bachillerato. Leímos este poema y lo estudiamos. Todos entendimos a Cavafis y nos llegaron sus enseñanzas. Pero hubo un momento en que me sentí una impostora. 

Había una parte del poema que yo no me terminaba de creer: «A los lestrigones y a los cíclopes, al colérico Posidon no temas, pues nunca encuentros tales tendrás en tu camino, si tu pensamiento se mantiene alto…». «A no ser que tu alma los ponga en pie ante ti» dice después.

Yo, en lo personal, había colocado ante mí al cabrón del Posidón, y me estaba puteando pero bien. ¿Con qué cara les estaba diciendo a mis alumnos que no se los iban a encontrar en su camino si mantenían alto su pensamiento?

Entonces, en un momento dado, antes de terminar el curso, quise ser honesta con ellos y decirles que igual sí; que igual, por mucho que intentaran evitarlos, los lestrigones y los cíclopes se iban a cruzar en su camino y les iban a fastidiar la travesía.  

Que quizá también iban a sentirse engañados por Ítaca antes de llegar a ella. Y hasta creer incluso que se han equivocado de Ítaca.

Recuerdo el silencio en el aula mientras les decía eso y después, cuando yo me callé y nos quedamos todos pensando; hasta que sonó el timbre y la clase terminó.

Creo que era necesario que lo supieran, me querían y confiaban en mí. No podía callarme algo que me parecía tan importante.

Hoy sé que todo formaba parte del camino. Que la duda y el miedo estaban ahí, quizá erguidos ante mí, pero yo también me erguí y continué, como hizo Ulises, hacia Ítaca.

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2 comentarios sobre «ÍTACA»

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