Escribir un post sobre la utilidad de la Literatura podría suponer un ejercicio bastante inútil. O sea, una paradoja perfecta, un oxímoron puro y duro, una absoluta aporía, vamos.
Mil razones
Podría insistir en las más que manidas mil razones que aducimos los profes o los escritores:
– Evasión
– Mejorar la ortografía
– Adquirir vocabulario
– Dominar el idioma
– Conocer la realidad.
– Adquirir conocimientos
– Potenciar la imaginación y la creatividad.
– Abrir la mente.
– Desarrollar la empatía.
– Desarrollar el pensamiento crítico.
– Comprender el mundo, el presente y el pasado.
– Conocer otras culturas.
– Bla, bla, bla…
La literatura no sirve para nada
También podría afirmar, como José Saramago parece que respondió en una ocasión a un reportero, que la Literatura no sirve para nada. Y entonces tendría que dejar de escribir el post en este instante. Quizá eso sería lo más sensato. Además, alguien que se hace la pregunta de para qué sirve la Literatura dudo mucho que en el fondo busque las razones de su utilidad.
Pero es que creo que la pregunta que está lanzando es, en realidad, para qué me sirve a mí la Literatura. Seguramente, teniendo en cuenta que la Literatura acompaña a la Humanidad desde hace miles de años —y, de hecho, es una de nuestra peculiaridades como Humanidad—, quien se haga esa pregunta, no dudará de que la Literatura «sirva» o «haya servido» para algo al hombre. También sirvió en su momento el músculo palmar, las muelas del juicio o el apéndice, aunque ahora no sirvan para nada y los sigamos conservando.
Sospechará que la Literatura en el fondo sí nos sirve para algo como especie, a nivel general, globalmente. Pero no a él o a ella, a nivel particular.
Igual que a ti, profe de Literatura, escritora, bibliotecaria, no te sirve para nada, personalmente, una raíz cuadrada o saber la fórmula del amoniaco, a mí no me aporta nada el Lazarillo o Hamlet.
Sí, ese tipo de razonamiento me cuadra. Y puede que tenga razón.
Aunque…
Me gustaría ir un poquito más allá.
A ver, en última instancia, a nivel individual, la Literatura te puede servir para dejar de ser un ignorante. Eso hay que planteárselo. Y que conste que ser un ignorante no tiene nada de malo, siempre y cuando seas consciente de ello y, sobre todo, consecuente con ello, lo cual te empujará a querer dejar de serlo en la medida de tus posibilidades.
El sabio ignorante
Uno de los ignorantes más sabios fue Sócrates y lo dejó claro con su célebre aforismo «Solo sé que nada sé», que venía a decir «Sé que soy un ignorante». Y la trascendencia de esa afirmación recae, precisamente, en la humildad de reconocerse así. Pero también en que pone en evidencia a aquellos ignorantes que no saben que lo son y se comportan como si no lo fueran.
La Literatura a ti, a nivel particular, individualmente, te puede servir para conocer cosas sobre ti que desconocías, algunas incluso que te incomoden y quieras cambiar, como por ejemplo tu ignorancia; pero también otras cosas más profundas.
En ese caso, la Literatura te ofrece la ocasión de ser humilde y de que optes por callar y escuchar más.
Puede que Saramago tenga razón y sea verdad que la Literatura no sirve para nada.
O, también puede que, a algunos, la Literatura les sirva para dejar de ser gilipollas.
No perdamos esa oportunidad.
